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SANTA EDITH STEIN:

Buscadora de la Verdad

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Un poco de su vida

Dos de sus familiares se suicidan, uno de los acontecimientos que contemplando en su entorno le dejaran huella. No encuentra respuesta en su religión familiar el judaísmo-, y esto agrava una crisis interna por la cuestión del sentido de la vida del hombre, abandonando la religión y entregándose al pecado de total ateismo negación completa de la existencia de Dios-, como ella mismo luego lo diría en su diario. Es como podemos empezar a esbozar las líneas de la vida de Edith Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

De pequeña es una mujer decidida por sus convicciones. Por su inestable situación interior, deja los estudios a pesar de ser una destacada estudiante, pero los reanuda luego por iniciativa propia. Al momento de llegar a la universidad se interesa por las humanidades (filosofía, historia y psicología), con el propósito de buscar respuestas.
Un círculo de amigos filósofos que se hacen católicos y protestantes la desconcierta y la inquietan, y Dios mismo se la va manifestando en la persona de Jesucristo.

Se ha producido la experiencia de un Cristo vivo, cercano que da respuesta completa a su búsqueda. Se suscita el llamado interno de seguir al que le era el Camino, Verdad y Vida reconociéndolo como Dios y Señor. Ante la disyuntiva de ingresar a la Iglesia Católica o protestante, el Señor no la abandona y le da la luz en una noche, en la biblioteca familiar de unos amigos protestantes, al encontrar y leer la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. Al terminar la providencial lectura de la vida de una mujer con la cual se identificó exclama Esta es la Verdad.

Bautizada católica desea ingresar a la vida religiosa de tipo contemplativa de clausura- pero su director espiritual, un padre benedictino le hace ver el servicio que puede brindar a la Iglesia con el bagaje de conocimiento y sabiduría que posee la ex discípula de uno de los más grandes filósofos: Edmund Husserl.

La llegada de Hitler al poder en su país natal Alemania- acarrea la exclusión de cargos públicos y la persecución de los judíos. Se ve desempleada y sin función en la sociedad a la cual servía y ahora la rechaza. En este acontecimiento comprende que Dios le daba luz verde al llamado por la vida religiosa.

Ingresa al Monasterio de las Carmelitas descalzas de Colonia con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. La persecución judía se hace intensa y atroz, con las consecuencias que ya todos conocemos.
Edith se muda a otro monasterio carmelita de la vecina y cercana republica de Holanda. Pero la invasión nazi a este país le contaría los días de su vida terrena. Edith a causa de ser judía es conducida junto a su hermana Rosa recién convertida al catolicismo- al campo de concentración de Auschwitz. El 9 de agosto de 1942 muere en la cámara de gas del infernal campo.

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Espiritualidad Steiniana

"Edith Stein nos ha dejado muchos escritos y de talante muy diverso: filosofía, antropología, pedagogía, psicología, feminismo, de espiritualidad,... Pero en todos ellos encontramos un denominador común: su preocupación por comprender y clarificar quién es el hombre. Tanto a nivel práctico como teórico fue siempre su gran preocupación. Ella está convencida de que ese es el fundamento de todo. Si el hombre no se plantea quién es él, y no trata de dar luz a esta pregunta, difícilmente podrá construir ni su vida, ni sus proyectos en base a un sentido esencial y existencial(...)Ciertamente el pensamiento de Edith no se acaba ahí. Pero desde aquí y con este fundamento antropológico, interpretará todo lo demás. Y es que sólo el hombre que se conoce, alcanza a descubrir el valor y la importancia insustituible que Cristo tiene en su vida. Diríamos, pues, que en Edith Stein, el misterio de Cristo y el misterio del hombre, caminan juntos, y no se pueden separar, si se quiere alcanzar la Verdad del hombre y de Dios. Seguramente por todo esto Edith comprendió que la actitud del cristiano auténtico consiste en vivir confiado en las manos de Dios. Un Dios amor, siempre fiel y misericordioso" (Francisco Javier Sancho, ocd)

Algunos escritos

A continuación te ofrecemos una selección de textos extraidos de algunas de sus Obras. Esperamos que te sean de gran provecho...

*Ser totalmente de Dios,

entregarse a Él y a su servicio por amor, es la vocación, no sólo de algunos elegidos, sino de todo cristiano: consagrado o no, hombre o mujer
Todos son llamados a seguir a Cristo. Y cuanto más se avanza por este camino, más se hace semejante a Cristo, y puesto que Cristo personifica el ideal de la perfección humana, -libre de toda mancha, rica de caracteres masculinos y femeninos, libre de toda limitación terrenal-, sus seguidores fieles son elevados por encima de los confines naturales.
Por eso encontramos en hombres santos una bondad y una ternura femenina una solicitud verdaderamente maternal por las almas confiadas a ellos; y en mujeres santas una audacia y una disponibilidad y decisión auténticamente masculinas.
De este modo el seguimiento de Cristo conlleva el desarrollo en plenitud de la vocación originaria del hombre: ser autentica imagen de Dios; imagen del Señor de lo creado, conservando, protegiendo y haciendo crecer a toda criatura que se encuentre en su ambiente; imagen del Padre, generando y educando por paternidad y maternidad espiritual- hijos para el reino de Dios. (Ser finito y ser eterno)

*Si Dios es amor y

vive en cada uno de nosotros, tenemos que amarnos con amor fraternal. Por eso nuestro amor al prójimo es la medida de nuestro amor a Dios. Sin embargo, este último es distinto al amor natural que tenemos por los hombres.
El amor natural surge entre aquellos que están unidos por el vínculo de sangre, por afinidad de carácter o por intereses comunes.
Los otros son extraños, que poco nos interesan, o que incluso pueden provocarnos un cierto rechazo, de tal manera que hasta los evitamos físicamente. Para los cristianos no existen los hombres extraños.
Nuestro prójimo es todo aquel que tenemos ante nosotros y que tiene necesidad de nosotros, y es indiferente que sea nuestro pariente o no, que nos caiga bien o nos disguste, o que sea moralmente digno de ayuda o no.
El amor de Cristo no conoce limites no se cansa nunca y no se asusta ante la suciedad o la miseria. Cristo vino para los pecadores y no para los justos.
Y si el amor de Cristo vive en nosotros, actuaremos como El, e iremos en busca de las ovejas perdidas.
El amor natural busca apoderarse de las personas amadas y poseerlas, si es posible, en exclusividad. Cristo vino al mundo para recuperar para el Padre la humanidad perdida; y quien ama con su amor, quiere a los hombres para Dios y no para sí. (El misterio de la Navidad)

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*El que quiera desposar al Cordero

tiene que dejarse clavar con Él en la Cruz. Para esto están llamados todos los marcados con la sangre del Cordero, y éstos son todos los bautizados. Pero no todos entienden esta llamada y la siguen.
Existe una llamada para un seguimiento más estrecho, que suena más penetrante en el interior del alma y que exige una respuesta clara. Es la llamada a la vida religiosa, y la respuesta son los santos votos.
A quien el Señor llama a dejar los vínculos naturales (familia, pueblo, ambiente), para entregarse solamente a Él, en este se destaca el vínculo nupcial con el Señor con mayor fuerza que en la multitud de los redimidos. Por toda la eternidad tienen que pertenecer de manera preferida al Cordero, seguirle a donde Él vaya y cantar el himno de las vírgenes que ningún otro puede cantar (Ap. 14, 1-5).
Si se despierta en el alma el deseo de la vida religiosa es como si el Señor la cortejara. Y si ella se consagra a él a través de los santos votos y acoge el Veni, sponsa Christi, es como si se anticipase la fiesta de las bodas celestiales. Pero aquí se trata sólo de la expectativa por el alegre banquete eterno. El gozo nupcial del alma consagrada a Dios y su fidelidad tienen que acreditarse en medio de combates abiertos y escondidos, y en lo cotidiano de la vida religiosa.

El esposo elegido por ella es el Cordero que fue puesto a la muerte. Si ella quiere entrar con Él en la gloria celestial, tiene que dejarse clavar ella misma en su Cruz. Los tres votos son los clavos. Cuanto con mayor disposición se extienda sobre la Cruz y pacientemente soporte los golpes del martillo, tanto más profundamente soporte los golpes del martillo, tanto más profundamente experimentará la realidad de estar unida con el Crucificado. (Las bodas del Cordero)

*Yo me sé sostenido

y este sostén me da calma y seguridad. Ciertamente no es la confianza segura de si mismo del hombre que, con su propia fuerza, se mantiene de pie sobre un suelo firme, sino la seguridad suave y alegre del niño que reposa sobre un brazo fuerte, es decir, una seguridad que, vista objetivamente, no es menos razonable.
En efecto, el niño que viviera constantemente en la angustia de que su madre le dejará caer, ¿sería razonable? En mi ser yo me encuentro entonces con el sostén y el fundamento de mi ser que no posee en sí mismo ni sostén ni fundamento. Puedo llegar por dos vías a ese fundamento que encuentro dentro de mí mismo a fin de conocer al ser eterno.
Si Dios se revela como el ente, como el creador y el conservador, y si el Salvador dice: Aquel que cree en el hijo tiene la vida eterna (Jn 3,36), éstas son respuestas claras a la cuestión enigmática que concierne a mi propio ser. Y si Dios me dice por la boca del profeta que me es más fiel que mi padre y mi madre, y que Él es el amor mismo, reconozco cuán razonable es mi confianza en el brazo que me sostiene y cómo toda angustia de caer en la nada es insensata, mientras yo no me desprenda por mí mismo del brazo protector. (Ser finito y ser eterno)

"Lo que Dios quiere de ti, tienes que averiguarlo cara a cara con Él"
Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)