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Pintura: El Sueño de Elías (autor desconocido)

el sueño de elías

LEVÁNTATE Y COME

Elías, el profeta en cuya inspiración de vida en el anuncio y contemplación de Dios nacieron los hermanos de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo -los carmelitas-vivió un momento muy particular en su vida como servidor del Señor. Llego al punto del desánimo, su ánima, su alma, se abatió. Desfalleció llegando a desear la muerte y no por deseo de Dios sino por desesperación y cansancio: "¡Ya basta, oh Yahvé! Toma mi vida pues no soy yo mejor que mis padres"(I Re 19,4).

Pero el Señor envió un ángel para animarlo, le exclamó: "¡Levántate y come!". Elías no atiende a la primera llamada, se duerme, no pone cuidado en el pan y el vaso de agua que están a su cabecera. El Señor insiste: "levántate y come, pues te resta un camino demasiado largo para ti"(19,7).

El Señor vio, escuchó y sintió la necesidad de quien le servía. El Señor no es indiferente a los que le sirven, así reza un salmo. El Señor le dio de comer y beber, una comida y una bebida que le brindaron la fuerza suficiente para seguir al encuentro con Él, al "Monte de Dios". Dios que nos llama, no nos deja en el camino, nos anima y nos lleva de su mano al encuentro con él.

En esta página "LEVÁNTATE Y COME" queremos ofrecerte lecturas que animan el alma, que invitan a la escucha de la Palabra de Dios y a la vivencia profunda e íntima del católico: la Eucaristía.

Jorge Sánchez, CTU

Mírame, oh Dios, para que pueda amarte

En cierta ocasión, una mujer que participaba en el programa de Encuentros matrimoniales confesó ante un grupo pequeño: Cuando mi marido me mira, soy mucho más importante y valiosa que cuando yo me miro a mi misma. Siento en mi un potencial mucho mayor. Y su marido añadió: Cuando siento la mirada amorosa de mi mujer, experimento un sensación de crecimiento interior que no me parece experimentar cuando me miro en el espejo()

De vez en cuando, conviene dedicar un mayor tiempo a centrarse simplemente en la tierna y amorosa mirada de Dios. Todo cuanto brote mis alegrías y deseos, mis éxitos y fracasos, mis sueños y planes, mis ansiedades y deseos ocultos- lo dejo fluir libremente, confiándolo todo a Dios. La esencia de esta oración consiste únicamente en que Dios me mira con amor y gozo y se alegra de mi presencia. Las palabras del profeta Sofonías lo expresan magníficamente:
El Señor, tu Dios, es dentro de ti un soldado victorioso que goza y se alegra contigo, renovando su amor, se llena de júbilo por ti, como en día de fiesta (3,17-18).

En Génesis 16, Sara maltrata tanto a su sirvienta Agar que ésta, desesperada, huye al desierto. Allí, en circunstancias muy dramáticas, Yahvé se le aparece y le promete que responderá generosamente a todas sus plegarias. Entonces Agar llama al Señor Dios que me ve, y exclama con júbilo: ¡He visto al que me ve!.

La mirada amorosa de Dios no sólo nos otorga el sentido de nuestro auténtico valor, sino que también crea en nosotros un sentimiento de seguridad que nos permite cruzar una y otra vez nuevas fronteras para llegar a una vida eterna cada vez más rica y plena.

La mirada de Dios es creativa en el más estricto sentido de la palabra. Romano Guardini ora de la siguiente manera: Me recibo continuamente de tus manos. Esa es mi verdad y mi alegría. Tus ojos me miran constantemente y yo vivo de tu mirada. Mi creador y mi salvación, enséñame en el silencio de tu presencia a captar el misterio que yo soy y que soy por ti, ante ti y para ti.

En la mirada de Dios encontramos amor: El amor de Dios, que nos llamó a ser; y nuestro amor que Dios desea avivar cada vez más para colmar nuestras vidas.

Lo que el antiguo testamento dice sobre la Alianza entre Yahvé y el pueblo elegido, el nuevo testamento lo extiende a cada persona individual. Todos nosotros podemos aplicárnoslos de modo muy personal. Veamos el ejemplo de Ezequiel: Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor (16, 8); y el cantar de los Cantares: Yo soy de mi amado, y él me busca con pasión (7, 11). Al comienzo de un retiro, los participantes a veces emplean varias horas, o incluso varios días, simplemente con la segunda parte de este último verso. Abrirse con fe a estas palabras asumirlas de manera muy personal, nos conduce a una amplitud y profundidad que proporciona plenitud y liberación. Otro ejemplo bien conocido es el texto de Óseas en que Yahvé dice: Mira, voy a seducirla, llevándomela al desierto y hablándole al corazón (2, 16). La palabra seducir significa hacer todo lo posible para suscitar el amor de la otra persona, pero sin coaccionarla. ¡Dios quiere conseguir nuestro amor! A sus ojos, somos muy valiosos y deseables. Para Dios significamos muchísimo.

Transparentar la gloria de Dios, Piet Van Breemen

"Dejate amar"

<<La Fidelidad que te pide el Maestro es de permanecer en comunión con el Amor, de derramarte, de enraizarte(Ef 3,17) en este Amor que quiere marcar tu alma con el sello de su potencia y grandeza. No serás superficial si estas despierto en el amor. Pero en las horas que no sientas más que el decaimiento, el cansancio, le agradarás todavía, si eres fiel en creer que Él obra aun, que te ama de todos modos, y más aun: porque su amor es libre y es así como quiere engrandecerse en tí. Y tu te dejarás amar "más que estos">>

Sor Isabel de la Trinidad,"Dejate amar"n.6